viernes, 23 de septiembre de 2011

El Cuerpo en Sartre y Lacan al inicio de sus obras

La búsqueda de la noción de cuerpo en las obras de Jean Paul Sartre y Jacques Lacan se presentará como un análisis enmarcado en una época. Dicha noción en este texto, se reduce a las concepciones que se dan principalmente en “La trascendencia del ego” escrito por Sartre en 1934 y “El estadio del espejo” que Lacan presenta en su ponencia en la sociedad psicoanalítica de Paris en 1936, aunque el que será tomado es la versión correspondiente al texto “La familia” presentado en el año 1938 prescindiendo tanto del primero, como la versión presentada en el Congreso de Zurich que data de 1949.
Fenomenología y Psicoanálisis nos presentan dos sujetos que se ponen en una constante tensión, el primero encuentra en el Ser para si la verdad, solo soslayable por su posición ante el otro, mientras que el segundo está determinado por el inconsciente, y el Real del Goce.
Ante esta discordancia estructural, trataremos de buscar los puntos de acuerdo y desacuerdo de la noción de cuerpo, noción que como adelantaremos trasciende al sujeto, en un momento incipiente de la obra de ambos autores.

Acerca del Yo


Para aproximarnos a la noción de cuerpo en ambas obras, comenzaremos por definir las concepciones de Yo que tienen estos autores.
Sartre en la trascendencia del Ego, empieza por hacer una diferenciación entre el Yo(Je) y el Yo(Moi) que no son sino dos faces del Ego, desde las primeras paginas Sartre critica la visión del Ego como habitante de la conciencia, y como instancia unificadora siendo este trascendente a la conciencia, mientras que el Yo(Je) representa la personalidad en su aspecto activo, el Yo(Moi) es la entidad concreta psico-física, que permanece desconocida para nosotros mismos, puesto que el Yo(Moi) se da como un objeto. Estas últimas instancias, no son sino una, que están interrelacionadas dialecticamente y cuya distinción se da por fines meramente conceptuales, dado que esta división es imposible de discernirse empíricamente.
El Ego, por su parte, en relación a la conciencia se da como intimo, Sartre dirá “que todo ocurre como si el Ego fuera parte de la conciencia, con esta sola y radical diferencia, que es opaco a la conciencia” posterior al acto el Ego toma el mismo y lo absorbe, dejandolo en relación al pasado como una multiplicidad de interpenetraciones, y en relación al futuro como una potencialidad desnuda. Es decir que es la unidad ideal en relación a cualquier acción y cualquier acto.
De esta forma Sartre se separa de Kant, en la medida que rechaza la visión del Ego como principio vacío de unificación de la experiencia, o de las vivencias, en el sentido de tener una presencia formal en ellas, tampoco es un principio con una presencia material en nuestra vida psíquica, en cuanto centro de los deseos y los actos1.
Otro de los puntos de discordancia se da con Husserl, que si bien considera un Yo como trascendental que estaría como por detrás de la conciencia, la conciencia vuelve en ideas un Yo de hecho, visto como conciencia trascendental de modo personal, Sartre se aparta de él, considerando que la fenomenología debe ser consecuente en este punto y desechar la idea de un yo unificador, y originario: la puesta entre paréntesis de la actitud natural, que siempre es la marca de un realismo unitario.

La formación del yo en el estadio del espejo, que Lacan ubica en este primer momento junto con el decline del destete, alrededor de los 6 meses de vida, con el reconocimiento por parte del sujeto de su imagen en el espejo. El niño reconoce su propia imagen en el espejo, dando esta imagen unidad al yo. Es un fenómeno que Lacan considera doblemente significativo, “constituyendo por una parte las tendencias que constituyen la realidad del sujeto. La imagen especular precisamente a causa de su afinidad con esa realidad, viene a otorgar un símbolo de ella, de su valor afectivo, ilusorio como la imagen, y de su estructura, reflejo, como ella, de la forma humana”2 .
La potencia segunda de la imagen especular, se da a causa de las condiciones libidinales de que suscitan su aparición, ahí se marca una diferencia con la conducta animal. En el ser viviente se da un fenómeno de doble ruptura vital, una en relación a su adaptación al medio y su connaturalidad, y otra en relación al sometimiento de la percepción a la Pulsión.
Lacan plantea que la tendencia por la cual el sujeto restaura la unidad perdida de si mismo surge en el centro de la conciencia, con el predominio de las funciones visuales. El sujeto que tiene la percepción de despedazamiento busca en la imagen especular la unidad del ideal de la imago del doble, y la unidad mental que le es inherente a dicha imago. Esta sensación de unidad es soportada por la estructura narcisista del yo. El sujeto no se distingue de la imagen misma, Lacan indica que la imagen se limita a añadir una intrusión temporaria de una tendencia extraña, la misma es designada como intrusión narcisista, sin embargo esta unidad introducida, contribuirá a la formación del yo, que como no afirma aún su unidad se confunde con esta imagen que lo forma, pero que al mismo tiempo lo aliena de forma primordial, es decir que el yo desde el comienzo es otro.

1Eduardo Alvarez Gonzalez La cuestión del sujeto en la fenomenología existencial de Jean Paul Sartre, http://saavedrafajardo.um.es/WEB/archivos/Antioquia/038/Antioquia-038-02.pdf pag 11


2J.Lacan La familia http://www.scribd.com


La noción del cuerpo




Es en la noción de cuerpo que presentan ambos autores que centraremos este apartado, durante el apartado anterior se dieron algunos esbozos, a través de la noción de Yo de como definen el cuerpo, sin embargo vamos a tratar de precisar la misma, a través de lo planteado por los autores en las obras de referencia.


A continuación un ejemplo planteado por Sartre en la trascendencia del Ego:

En el presente yo corto la madera, es decir, que la acción se
realiza en el mundo y el sostén objetivo y vacío de esta acción es el yo concepto.
He ahí por qué el cuerpo y las imágenes del cuerpo pueden
consumar la degradación total del Yo concreto de la reflexión al Yo concepto
al servir a aquél de cumplimiento (remplissement) ilusorio. Yo digo "Yo"
corto la madera, y veo y siento el objeto "cuerpo" en tren de cortar la madera.
El cuerpo sirve entonces de símbolo visible y tangible para el yo. Se ve pues
la serie de refracciones y degradaciones de las que una "egología" debería
ocuparse.


Notamos como Sartre en este párrafo indica que el cuerpo, y las imágenes del cuerpo degradan al yo concreto de la reflexión al yo concepto, quien es caracterizado como sostén objetivo y vacío de estas acciones, es el cuerpo, sostén ilusorio del yo concepto, el cuerpo es un símbolo visible y tangible para el yo, la imagen de ese cuerpo da al yo la ilusión de unidad, da conciencia de si, dejando al Ego que como aclaramos trasciende a la conciencia, por fuera de este acto, ambos sujetos el del estadio del espejo, y del corte de madera, encuentran en la imagen la ilusión de unidad.

Para Lacan el cuerpo, se va a formar en la imagen especular, a la desfragmentación original, es la imagen especular la que viene a dar conciencia de unidad al yo, en una época en la que la propioceptividad da al cuerpo la sensación de despedazado, y es en la imago el espejo, en la que ese despedazamiento propioceptivo encuentra su soporte, y su unidad, esté acto fundante es un esbozo de concepciones futuras de Lacan dado que precisa como arcaicas las fantasías de desmembramiento, o dislocación del cuerpo características de las psicosis, y a las fantasías de castración como una imagen valorizada por un complejo en particular, el complejo de Edipo. El yo desde el comienzo va a ser otro, puesto que este acto fundante lo enajena de forma primordial.