La cohesión de las personas en las tribunas es uno de los ejemplos mas claros de formación de masa que se ven hoy en día.
Freud en psicología de las masas y análisis del yo va a plantear los mecanismos psíquicos que llevan a la formación de masa.
Para esto, hará un recorrido a través de los procesos identificatorios de la temprana infancia, dentro de la teoría del Edipo subraya una identificación por parte del varón a la figura del padre al que toma como modelo de la función, y una investidura sexual de objeto hacía la madre, así mismo destaca que después de un primer momento de convivencia sin conflictos de está ligazón afectiva el niño va a tomar al padre como estorbo, denotando la ambivalencia de la identificación, pudiendo estar del lado de la ternura, o volcada al deseo de eliminación.
La identificación con el padre puede terminar con una inversión, que se tome como objeto al padre en una actitud femenina, un objeto en el cual satisfacer las pulsiones sexuales, lo mismo puede ocurrir con la niña, con las correspondientes sustituciones.
Ahora bien, Freud va a distinguir una masa en particular, aquella que tiene un conductor, haciendo una analogía con la hipnosis, a la que caracteriza como un fenómeno de masa de a dos, por el mecanismo análogo entre una y otra, la figura del conductor al igual que la del hipnotizador en la hipnosis es llevada al lugar del ideal del yo, para que se forme una masa, un grupo de personas lleva al conductor al lugar del ideal, esto lleva a consecuencia como lo muestra el gráfico planteado por Freud que en la masa nos encontramos que hay comunidad entre los yo de las personas que la formar, hay comunidad en el lugar del ideal, aunque manteniendo la especificidad observamos que no hay comunidad en el lugar del objeto que es ubicado por fuera de la masa, así mismo aclara que la figura del conductor puede ser remplazada por una idea negativa.
Las personas dentro de la masa sienten una sensación de omnipotencia, no existe el miedo, ni la duda, así mismo la caída de la figura del conductor desata la disolución de la masa, y la angustia de los miembros de la misma, provocando la disolución.
En una tribuna estamos en la presencia de uno de los pocos fenómenos de masa que se mantienen puros en la actualidad, los individuos envueltos en ella, denotan comunidad en los yos, todos saltan, y cantan alentando a sus equipos, podemos ver diferentes facciones dentro de las barrabravas de los equipos que están subordinadas a un conductor, que es el que impone el accionar de los miembros, el hecho de que esto sea así implica una satisfacción pulsional por un lado en la omnipotencia de la masa, y por el otro una entrega pasiva a la figura del conductor denotando la posición femenina de los miembros de la masa, así mismo podemos entrever en ese acto del cantar, como en el discurso segregativo encontramos mecanismos de proyección, donde el otro es todo lo que el Yo no, por un lado como indican Olivera y Maniakas, “ En cuanto aquellos que recusan someter su ego al ideal sustentado por el grupo, resta como destino la exclusión, la persecución, la estigmatización de la locura, o en casos mas extremos, el exterminio físico” Es decir la repulsión de aquello que no se somete al objetivo de la masa, y por el otro como una forma de cubrir los lazos homosexuales que sirven como sustrato a la masa, para cohesionarse como tal, de ahí el discurso homofóbico característico hacía el otro en el canto de cancha.
Por otro lado, el factor de violencia entre hinchadas rivales tiene así mismo un sustrato paranoide, en la medida que tomemos como mecanismo de la paranoia la proyección, que es atribuirle al otro un resto pulsional irreconciliable para el Yo, las pulsiones de destrucción, le son atribuidas al otro, lo malo, lo inaceptable de nuestras satisfacciones pulsionales inconscientes le son atribuidas al otro, y por consiguiente, si lo malo está en el otro, es al otro al que hay que excluir, o destruir.
Además que cubre los lazos homosexuales que sirvieron de sustrato para la cohesión de la masa, proyectándolo sobre el otro, y de está forma dejando fuera del yo aquello que para el hincha de fútbol resulta irreconciliable, en resumen: eso que no concilia en uno es lo que hay que desterrar y destruir proyectado en el otro rival.
Parece que en la tribuna al final son todos putos...
Parece que en la tribuna al final son todos putos...
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