La contemporaneidad es esa relación singular con el propio tiempo, que se adhiere a él pero, a la vez, toma distancia de éste; más específicamente, ella es esa relación con el tiempo que se adhiere a él a través de un desfase y un anacronismo. Aquellos que coinciden completamente con la época, que concuerdan en cualquier punto con ella, no son contemporáneos pues, justamente por ello, no logran verla, no pueden mantener fija la mirada sobre ella.
Giorgio Agamben.
El abordaje de estos dos autores que consideramos de ruptura se centrará en la producción de los mismos en torno la época en que se gestan sus obras, pero por sobre todo en torno a la sociedad de la que logran abstraerse(que es la de Occidente) para poder delinear las estructuras que la constituyen, poniendo en cuestión lo que se muestra como ya dado.
Como indica Eugenio Trias: “Estos autores introducen un sistema conceptual fruto de una práctica específica, en virtud del cual se trasciende el corpus visible y las racionalizaciones e ideologías correspondientes y se accede a las estructuras profundas que permiten esclarecer el sentido de los diferentes sistemas1”. En los autores en cuestión dichos sistemas son el económico en Marx y el ético en Nietzsche, estos dos sistemas son pilares de Occidente tal y como lo conocemos.
Para Marx el sistema Capitalista es una de las bases que estructura las relaciones sociales, es la acción de los hombres transformando la naturaleza lo que define como la producción y es la mercancía el saldo de está acción. Esta cumple una función social, objetos producidos con la finalidad de ser intercambiados por otros objetos o productos, estos se llevan a una instancia social o virtual que es el mercado, o sea el lugar donde se produce el intercambio, es decir la compra y venta de mercancías. La mercancía tiene un doble valor:
Un valor de uso, el ser apta para satisfacer una determinada necesidad, este objeto en cuanto empieza a comportarse como mercancía se convierte en un objeto físicamente metafísico. Esto forma el motivo y la calidad del cambio.
Además de un valor de uso, las mercancías tendrán un valor de cambio, razón o proporción por la cual el cambio se produce, al equiparar en el cambio unos con otros como valores sus productos, lo que hacen es equiparar entre si sus diversos trabajos como modalidades de trabajo humano, convirtiendo los productos del trabajo en jeroglíficos sociales, lo que se mide en este punto, se mide en términos de cantidad, cuanto de tanto tengo que dar para obtener una determinada mercancía.
Es por esto que decimos con Marx que la mercancía es un fetiche, porque esconde el carácter social genuino y peculiar del trabajo productor de mercancías.
Para el intercambio de mercancía se necesita un equivalente general, una unidad de medida, esto es el dinero, aunque este no es el valor, sino una expresión de valor, un signo arbitrario que impone el mercado para el intercambio de mercancía. Pero si este no es el valor, cabe preguntarse: ¿De donde proviene el valor? La respuesta es: tiempo de trabajo necesario para producirla, y por lo tanto no puede contener materia alguna natural. Este producto es realizado por los asalariados, cuya condición de existencia es la de poder vender su fuerza de trabajo, lo que implica necesariamente que carecen de los medios de producción. Es decir que la mercancía es la cristalización del trabajo humano acumulado. De esto se desprende una relación asimétrica entre aquellos que tienen los medio de producción, y aquellos que al carecer de los mismos venden a los primeros su fuerza de trabajo, está fuerza de trabajo es también una mercancía y como tal genera plusvalía, Como indica Marx: “El trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida del trabajo según su tiempo de duración se traduce en la magnitud de valor del producto del trabajo1”. “Es el proceso de producción el que manda sobre el hombre, y no éste sobre el proceso de producción; pero la conciencia burguesa de esa sociedad las considera como algo necesario por naturaleza, lógico y evidente como el propio trabajo productivo2”.
El entramado hasta aquí mencionado da cuenta de una particular posición del poder en relación al Capitalismo que permanece oculta, articulando Poder y Goce damos cuenta que no vasta con mostrar la forma en que se constituye el Capitalismo, sino que apreciamos en su sostén una erotización del poder, dicha erotización no es un efecto secundario del ejercicio sobre su objeto, sino que conforma sus propios cimientos, “el gesto fundante que debe permanecer invisible si el poder pretende funcionar normalmente3”. Intentaremos avanzar un poco más en esta articulación, pero para esto antes traremos de pensar con Nietzsche.
La obra de este autor tiene la particularidad de ser a-sistemática, no hay un centro en ella, es como indica Maria Laura Mendez: pura diseminación. La ruptura que realiza Nietzsche con la filosofía clásica de Platon comienza con la categoría de interpretación que propone, cuando en Occidente se habla de interpretación siempre es desde algo ya interpretado, o por interpretar, se conoce la interpretación por ese que interpreto, es interpretación de la interpretación, lo que se contrapone con el mundo de las ideas, como correspondientes a lo ya dado. Nietzsche dirá que si todo es interpretación, entonces todo es ficción, no hay un mundo ideal inmóvil y este otro mundo degradado de las apariencias, sino que para él este el el mundo que existe, en el que tomamos puntos de vista, interpretamos.
Nietzsche escapa con esto al análisis metahistórico de las significaciones ideales y de los indefinidos teleologicos. Se opone a la búsqueda del “origen”. Lo que va delineando a lo largo de su obra como una genealogía, o como indica su ruptura con la Metafísica, si el genealogista se ocupa de escuchar la historia aprende que detrás de las cosas no se encuentra su esencia, sino carecen de la misma, “o que su esencia fue construida pieza por pieza a partir de figuras que les eran extrañas4”.
De la perspectiva genealogicista y de el mundo como ficción necesaria, se desprende en su obra otra categoría que rompe con la de la filosofía occidental, la de verdad, Nietzsche es muy claro en este punto e indica: “No creamos que la verdad permanece verdad cuando se le arranca la venda; hemos vivido demasiado para estar persuadidos de esto5”. “La verdad, especie de error que tiene para si misma el poder de no poder ser refutada sin duda porque el largo conocimiento de la historia la ha hecho inalterable1”. Un mundo constituido por significaciones arbitrarias ficcionales que abre la perspectiva a la multiplicidad. Para Nietzsche hay ficciones útiles, el problema con estas es que adquieran el estatuto de verdad, que se cierren en su sentido y pierdan el estatuto que tienen y podemos denominar Imaginario.
Nietzsche va a plantear la moral como una relación de fuerzas, la de los débiles y la de los fuertes, una moral aristocrática y la moral de los débiles, decimos es una relación de fuerzas porque mientras la moral aristocrática estará determinada por lo que Nietzsche denomina fuerzas activas, que quieren la vida y potencian la fuerza de la existencia, la moral de los débiles se caracteriza por la fuerzas reactivas, las que disminuyen la potencia de la existencia. Estas fuerzas coexisten en el individuo y determinan una particular relación a la moral dependiendo del grado de una o de otra que se ponga en juego, marcando una perspectiva y en consecuencia una subjetividad.
Está relación que marca Nietzsche es una relación política y es la principal crítica a la tradición judío-cristiana, pilar de la cultura occidental, el semblante del dios muerto que sacrifica su vida para salvar a la humanidad del pecado original del que la sociedad es culpable invierte la relación de fuerzas colocando la posición reactiva como valor trascendente, convierte la debilidad en virtud, y la esperanza de la trascendencia en otra vida como lógica del sacrificio.
Los iconos de la Iglesia apuntan al sacrificio, a la penitencia, este modelo es funcional a la formación de los denominados por Nietzsche como hombres de rebaño. Y al estar signados por la fuerza reactiva se muestran como incapaces de producir una transvaloración, que como más adelante comentaremos es la propuesta superadora de Nietzsche.
Dos correspondencias del soporte pulsional de estas fuerzas: Por un lado entre Pulsión de vida y fuerzas activas y por el otro entre Pulsión de muerte y fuerzas reactivas. No es el poder como dominio lo que plantea está lucha, sino como poder hacer, tener potencia para hacer. Así mismo indicamos que es de ésta posición en relación a una determinada moral sustentada en dicha lucha de fuerzas de la que el capitalismo se nutre para sostener el sacrificio de los improductivos al servicio del Dios oscuro totalitario, y vamos a dar una última correspondencia entre globalización y totalitarismo como formas actuales de esta formulación.
En Marx encontramos los sustratos materiales de las relaciones sociales, en tanto relaciones de poder, en Nietzsche el sustrato ético que hace posible la reproducción de un sistema de relaciones especifico como es el lazo social. Tal y como lo conocemos el lazo social no es mas que una perspectiva de una interpretación de fuerzas que se muestran como ya dadas y en si mismo no existe. Aunque Marx encuentre en la producción dicho lazo, y una esencia material en este lazo en tanto transformación de lo Real natural en mercancía, solo afirmamos en esta perspectiva un tipo de lazo en particular entre los múltiples posibles, un tratamiento de lo natural especifico de los medios de producción en tanto búsqueda de un fin, que sostiene un modelo, éste modelo no es una consecuencia natural sino una entre tantas posibles, no hay ya dado, solo es una forma(al igual que lo son en general las producciones de occidente) de llenar un agujero que está desde el origen mismo, que es que no hay relación sexual.
La perspectiva Marxista deconstruye los medios de relación entre los individuos de la sociedad occidental, de está forma Marx hace un trabajo de estenógrafo, en este punto se corresponde con Nietzsche quien logra un trabajo similar aunque como ya mencionamos desde una perspectiva
sustancialmente distinta, ambos autores podemos afirmar que han sido contemporáneos de su época, se alejaron lo suficiente de ella como para poder divisarla.
El poder en Marx se muestra en las estructuras que devela, pero como habíamos anticipado el develarlas no alcanza. Marx sabía muy bien esto, y pretendía mediante una práctica revolucionaria abolir la propiedad privada que ha corrompido la naturaleza del hombre, al que considera en esencia bueno. Sin los bienes privados y la socialización de los medios de producción generadores de plusvalía, que es el poder Real, acabaría con la tentación de maltratar a sus semejantes, porque estarían las necesidades de este satisfechas y se permitiría participar a todos los individuos en su Goce, desapareciendo de está manera la malevolencia y enemistad entre los hombres, ante está tesis adherimos a la crítica de Freud1. Poder y Goce se articulan trascendiendo el Capital, dado que el Goce se articula a la Pulsión de Muerte, el Capitalismo es un efecto de esta articulación y se encuentra en la acumulación y el dominio característicos de la fase anal.
En cambio Nietzsche ve como superación a la transvaloración y al Superhombre como aquel que será capas de acceder a dicho cambio. Es aquel capas de modificar los valores y crear así otros valores afirmativos para la vida. El transito del hombre de la modernidad al Superhombre implica la muerte del primero, de alguna manera debe morir, y no es otro que el hombre débil quien debe morir. Recordemos que esto es en términos de una determinada moral, de los contrario caemos en el simplismo del pensamiento occidental y en sus consecuencias en términos de los fascismos nacionalistas que toman esta idea como literal. Esto es lo que pasa en los órganos de poder deconstruidos por Marx y podemos verificarlo en el capitalismo con los estados que en la época de la globalización perdieron su función reguladora entre la cosa étnica particular y el supuesto universal del mercado como modo de relación social. Esto provoco una etnización de lo nacional y una nacionalización de las etnias. El extranjero queda fuera del discurso nacional, como resto segregado, así mismo la discriminación no implica solo xenofobia, sino también rechazo a lo diferente, y es característico de Occidente. Sin llegar al extremo Nazi en Occidente los estadoscristianos y neoliberales no prohíben abiertamente por ejemplo la homosexualidad, sin embargo las prohíbe en las dos masas artificiales estudiadas por Freud, la Iglesia y el Ejercito.
Cuando Nietzsche habla de eterno retorno, habla de eterno retorno de lo diferente, porque nos encontramos en la lógica de lo múltiple, no de lo uno, la búsqueda de la repetición de lo igual es lo que Nietzsche posiciona en el lugar de lo decadente. El eterno retorno del que habla Nietzsche no es el de la compulsión de repetición que se ve en la Neurosis en tanto resistencia del Ello, sino es mas bien como indica Silvina Cuello: un eterno retorno que involucra la voluntad de poder. La cualidad de la voluntad de poder está del lado de las fuerzas activas, las fuerzas vitales. La conexión entre la voluntad de poder afirmativa y el eterno retorno producto de aquella da como resultado al Superhombre. Ese que trasvalora los valores metamorfoseándose, pudiendo destruir sus propias interpretaciones para crear nuevas. Es en el ocaso de los ídolos que hace caer la trascendencia, con esta caída queda como resto la posibilidad de afirmación de algo nuevo, o como dijo Horacio Medina: la posibilidad de una ficción como perspectiva, aquellos que era pura apariencia puede nombrase como una perspectiva de ficción.
La posición de Nietzsche es sustancialmente diferente a la de Marx, dado que lo ve en términos de singularidad, el eterno retorno mismo de la diferencia es medido en términos singulares y no universales, como la singularidad de las fuerzas de las que se sirve para dar cuenta de las relaciones sociales de poder, mientras en cambio Marx queda atrapado en una perspectiva evolutiva e histórico positivista, donde se ve su perspectiva superadora, la revolución del proletariado como necesaria al igual que el advenimiento del comunismo como nuevo orden universal.
Con todo esto pensamos con Nietzsche que si habrá una sociedad igualitaria solo podrá ser una sociedad donde pueda haber respeto por la diferencia absoluta.
1-Trias Eugenio, Estudio preliminar, Nietzsche, Marx, Freud ¿Revolución o reforma? Anagrama editores 2009
2-Marx Karl, El Capital Tomo 1
3-Marx Karl, El Capital Tomo 1 El fetichismo de la mercancía y su secreto, Fondo de cultura Económica, México 1968
4-Zizek, Slavoj, Estudios culturales, Reflexiones sobre el multiculturalismo, Paidos, 1998
5-Foucault, Michel, Microfísica del poder, las Ediciones de la Piqueta ,1992
6-Nietzsche, F. Nietzsche contra Wagner
7-Nietzsche, F. La gaya ciencia
8-Freud, Sigmund, Obras completas, Tomo XXI El Malestar en la Cultura, Amorrortu editores, 1979 último párrafo pag 109 110:
Los comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal. Según
ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores intenciones para con el
prójimo, pero la institución de la propiedad privada habría corrompido su naturaleza. La posesión
privada de bienes concede a unos el poderío, y con ello la tentación de abusar de los otros; los
excluidos de la propiedad deben sublevarse hostilmente contra sus opresores. Si se aboliera la
propiedad privada, si se hicieran comunes todos los bienes, dejando que todos participaran de su
provecho, desaparecería la malquerencia y la hostilidad entre los seres humanos. Dado que todas
las necesidades quedarían satisfechas, nadie tendría motivo de ver en el prójimo a un enemigo;
todos se plegarían de buen grado a la necesidad del trabajo. No me concierne la crítica económica
del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es
oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis
psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno
de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin
embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la
agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta. El
instinto agresivo no es una consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin restricciones en
épocas primitivas, cuando la propiedad aún era bien poca cosa; ya se manifiesta en el niño,
apenas la propiedad ha perdido su primitiva forma anal; constituye el sedimento de todos los
vínculos cariñosos y amorosos entre los hombres, quizá con la única excepción del amor que la
madre siente por su hijo varón.
Sigmund Freud
Sigmund Freud
y aunque dejase de existir la propiedad privada, y se aboliera la supuesta agresividad causada por esta, la naturaleza y disposición del hombre haría que ese lugar fuera ocupado por una ociosidad y negligencia tan irritante que encendería nuevamente una agresividad inversa del que trabajo todo la vida para tener algo hacia el que nunca hizo nada y de repente le dan todo... el modelo de un sistema sin trabajo reciproco no es sustentable por eso a mi parecer el socialismo basado en la fuerza del trabajo y la educación es lo mas viable para establecer una sociedad equitativa....
ResponderEliminarEstimado, creo que la única forma de concebir una sociedad igualitaria, es una que tenga un cambio estructural y que ese cambio, logre que ésa tenga respeto por la diferencia absoluta, la de todos nosotros.
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